
Hace pocos días llegó a mis manos el libro Carver Country (The world of Raymond Carver). Es mío. Me lo regaló un amigo. Inmediatamente lo revisé, estuve largo tiempo mirando los lugares por donde Carver caminaba, los lugares que frecuentaba, estuve mirando sus amigos, familiares, los espacios íntimos donde escribió gran parte de sus historias. Por supuesto no he querido parar, he mirado tratando de encontrar el secreto de sus cuentos, de sus poemas. Todos los objetos que lo acompañan en las fotos, los observo como si de allí pudiera salir o me pudieran revelar algo acerca de mi vida. Este regalo ha sido una doble alegría, en primer lugar por tener acceso a un mundo (el mundo personal de Carver) antes desconocido para mí, y en segundo lugar porque lo he leído a través de de las palabras de un hombre que ha estado desde siempre a mi lado, entonces comienzo a conocer a Carver con las palabras más íntimas, más personales y más autenticas de mi vida. No me atrevo a hacer un comentario respecto a este libro, sólo lo observo y trato de reconstruir la vida de un hombre. Todas las fotografías son hermosas. Hay una en especial que me conmueve: aparece Carver con una caja de cartón en la cabeza caminando sobre la nieve, a un lado hay un perro que sin saberlo posa a la cámara mientras mira lo que sucede. Parece que Carver se dirigiera a su casa, pero también parece que ya estuviera en ella, no lo puedo saber pero presiento que se estaba riendo, que fue un momento de absoluta felicidad. Carver en ese momento no sabía que justo a su lado había unos ojos que lo seguían, pero los personajes de sus cuentos sí lo saben. Desde antes lo han presentido. Sigo pasando las páginas. Veo los rostros de sus amigos. Son seres auténticos. Me detengo en un rostro. Uno de los más hermosos. Tess Gallagher. Por sus facciones puedo ver que el tiempo ha sido implacable, y puedo ver también que a pesar de todo conserva la risa. Es una risa y una felicidad llena de dolor. Trato de pensar por qué ríe, y por qué esa risa me causa tanta tristeza. Sigo pasando las páginas y más adelante me encuentro que Carver ha escrito el siguiente texto: “Una vez me acosté en la orilla del río con los ojos cerrados,/ escuchando el sonido que producía el agua,/ y el viento en la copa de los árboles./ El mismo viento que sopla en el Estrecho, pero también un viento diferente./ Por ratos me imaginaba que había muerto/ y no estaba tan mal, por lo menos por un par/ de minutos, hasta que entonces realmente penetraba: MUERTO./ Y cuando estaba allí con mis ojos cerrados,/ justo después de imaginarme cómo sería si de verdad/ no me despertara nunca más, pensaba en ti./ Abría los ojos, me ponía de pie/ y regresaba para ser feliz de nuevo./ Te estoy agradecido, lo ves? Te lo quería decir.” Se lo escribió a la mujer de la fotografía, a Tess Gallagher. En cierto sentido creo que lo entiendo completamente. Ahora conozco algo de esa mujer: su mirada. Más adelante encuentro una fotografía de Carver y por el otro lado de la misma hoja, una fotografía de su madre. Entre las dos imágenes veo una sola mirada que me mira a pesar del tiempo.
1 puntos:
Sinceranmente creo que éste es el mejor blog que he visitado en los últimos tiempos. Es suave, cálido, ocre, lento, acariciante. pareciera que, para las que escriben, la literatura es un asunto personal, cotidiano pero mágico, algo así como ver una estrella fugaz, un arco iris, ver a un viejito sonreír, una luna de día o un atardecer rojo. Cuánto daría por conocer a las niñas sonrientes autoras de esta travesura. Quisiera meterme algún día en este jueguito. Por ahora me toca banca. Esperaré.
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